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ZÚRICH — El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, salió este miércoles en un video a defender su plan de vender pedazos del Mundial a inversionistas privados, y lo hizo con la ternura de quien anuncia una rifa disfrazada de referéndum. "Es una propuesta, no una oferta", dijo, parte de "un proceso democrático", el mismo proceso democrático que ni la UEFA ni las federaciones conocían hasta que se los soltó por sorpresa el martes.

La jugada crea la FIFA Forward Enterprise, una empresa que administraría el Mundial y otros torneos con capital externo, y entre los inversionistas asoma Thrive Eternal, el fondo de Joshua Kushner, hermano de Jared Kushner, yerno de Donald Trump. Todo esto meses después de que Infantino le regalara a Trump un flamante Premio de la Paz de la FIFA, inventado sobre la marcha y sin criterios claros.

Como anzuelo, la FIFA promete aumentar la lanita de desarrollo de cada federación de los 8 millones actuales a 20 millones en el ciclo del Mundial 2027, luego 22 y 24 en los ciclos siguientes hasta 2038, pero solo si los inversionistas tienen ganancis, que es un gran pero.

Para venderlo bonito, Infantino puso de ejemplo a Cabo Verde como prueba de a quien puede beneficiar el dinero de los fondos.

La UEFA respondió sin filtro: "ninguno de nosotros es dueño del fútbol". Y hasta Sepp Blatter, el expresidente que renunció en 2015 salpicado por sobornos y arrestos, salió a decir que "nadie tiene derecho a vender nuestro juego".

Infantino ya había intentado esto en 2018 con SoftBank y capital saudí por 25 mil millones de dólares. Fracasó entonces por la misma UEFA que hoy vuelve a plantarse. La diferencia es que ahora el comprador viene con nexos con el apellido Trump, y la oferta, insiste Infantino, es “solo una oportunidad”.

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