NUEVA YORK — Las estrellas de la WNBA saltaron a la cancha vistiendo playeras con la consigna "Pay us what you owe us", demostrando una capacidad admirable para exigir cuentas sin molestarse en revisar los estados financieros de su propia liga.
La protesta exige remuneraciones de nivel NBA, omitiendo convenientemente que la WNBA ha operado en números rojos durante tres décadas y sobrevive gracias a los subsidios millonarios que desembolsa la NBA año tras año.
Aunque las jugadoras acaban de recibir sustanciales incrementos salariales y mejores condiciones de viaje, la lógica del negocio parece ser un concepto opcional cuando se trata de pedir aumentos.
Mientras un jugador de la NBA genera ingresos basados en estadios llenos y contratos televisivos multimillonarios, las jugadoras pretenden cobrar como si vendieran los mismos boletos, demostrando una absoluta falta de noción sobre cómo funciona el mercado que paga sus nóminas.
El berrinche ignora que los sueldos se calculan con base en la riqueza que se produce y no en el deseo personal de ganar más, dejando en claro que es muy fácil exigirlo todo cuando la cuenta final siempre la paga alguien más.





