CDMX — Apenas se abrió la consulta pública sobre los lineamientos de Protección a los derechos de las audiencias y en automático se activa la narrativa victimista de conductores de radio y televisión, que el gobierno los quiere controlar.
El fondo de la reforma no exige nada fuera de lo común; únicamente pide lo que debería ser norma básica del periodismo: verificar antes de transmitir, transparentar las fuentes, evitar noticias falsas y hacer una clara diferenciación entre la información objetiva de un hecho real y la simple opinión o narrativa a conveniencia.
Por eso, chillarle a la censura para zafarse de la ética y del compromiso periodístico es pura hipocresía descarada.
Hace poco, el conductor Carlos Loret de Mola mostró un video diciendo que era una balacera en Sinaloa, pero en realidad eran imágenes viejas de un bombardeo en Yemen, años atrás, también transmitió en vivo la captura de Israel Vallarta, que resultó ser un montaje organizado por la policía.
Por su parte, el periodista Ciro Gómez Leyva pasó años defendiendo en televisión al exfuncionario Genaro García Luna, asegurando que era inocente antes de que fuera juzgado en Estados Unidos.
Los propios medios advierten que mal aplicada la ley podría usarse para callar la crítica, un argumento válido que no hay que perder de vista, pero la gente tiene derecho a recibir información real y no opiniones sesgadas ni noticias falsas para apoyar falsas narrativas.






